Queda una última luz en la esquina del cuarto,
esa que no curó nada pero que alumbra lo justo.
No es esperanza entera, ni tampoco resignación;
es un punto pequeño donde todavía respiro.
Contemplo lo que fui y lo que dejé en los trastes,
las palabras que no dije y las veces que callé.
No hay héroes en este relato, solo una mano abierta
que intenta aprender a soltar sin olvidarse.
Si alguna vez vuelves, que sea como una página nueva,
no como regreso a lo que no pudo ser salvado.
Mientras tanto me quedo con esta luz que no exige nada,
con su claridad pobre pero honesta, y voy aprendiendo a andar.
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