Despierta la ciudad,
con un murmullo de motores lejanos,
el silbido del panadero,
y el roce metálico del tranvía.
Las persianas suben como párpados,
dejando entrar la primera luz,
mientras el viento juega
con papeles dormidos en la acera.
Un perro ladra al eco de su sombra,
una campana marca el pulso del día,
y entre los edificios,
una paloma corta el aire con su canto gris.
Todo suena a comienzo,
a promesa tibia de rutina,
a vida que se estira,
bostezando entre el ruido y la esperanza.
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