Camina el hombre por la tierra
con los bolsillos llenos de preguntas,
y en cada paso deja un sueño
que el tiempo recoge y guarda.
Los caminos no siempre hablan claro,
a veces se pierden entre la niebla,
pero el corazón —terco navegante—
sigue buscando su propia estrella.
Y aunque el viento cambie de rumbo
y la noche parezca eterna,
siempre hay una luz pequeña
esperando en la próxima puerta.
