No esperes a que todo sea perfecto,
porque lo perfecto suele ser demora.
La puerta se abre más con un intento
que con la espera larga de otra hora.
Empieza donde puedas, como puedas,
con lo que tengas hoy entre las manos.
Hay caminos que sólo se revelan
cuando uno deja de pedirlos planos.
Y cuando llegue la calma, entenderás
que avanzar no exigía tanta luz:
bastaba dar un paso, nada más,
y sostener la propia cruz.
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