domingo, 15 de marzo de 2026

La lluvia

Llueve sobre los tejados viejos,
sobre las calles dormidas,
sobre las hojas que tiemblan
como si escucharan historias antiguas.

La lluvia tiene memoria:
recuerda pasos olvidados,
promesas que se dijeron
bajo cielos nublados.

Y mientras cae lentamente
sobre la ciudad cansada,
parece lavar el tiempo
y dejar la esperanza renovada.

El peso del silencio

Hay silencios que pesan más que las palabras.
Silencios que se quedan en la habitación
cuando todos se han ido.

Se sientan en la silla vacía,
miran por la ventana
y esperan algo
que nunca llega.

A veces pienso
que la tristeza no es un grito,
sino un eco muy lento
que tarda años en apagarse.

Uno aprende a caminar con ella,
como quien carga una maleta
que nadie más puede ver.

La gente pregunta:
“¿Estás bien?”

Y uno responde que sí,
porque explicar el dolor
sería como intentar describir
el color del viento.

Y aun así
seguimos respirando.

Quizá porque en el fondo
sabemos que incluso el corazón roto
sigue teniendo
la extraña costumbre
de latir.

El Camino Interior

A veces camino sin rumbo
por las calles silenciosas de mi mente,
donde los recuerdos se sientan
como viejos viajeros en estaciones vacías.

Hay días en que el cielo pesa,
como si las nubes cargaran preguntas
que nadie ha sabido responder.

Miro mis manos
y pienso en todo lo que han tocado:
la tierra, el agua, los sueños,
y también los miedos que intentaron detenerme.

Pero el camino sigue.

Siempre sigue.

Aunque los pasos sean lentos
y el viento empuje en contra,
hay algo dentro que insiste
en seguir caminando.

Quizá sea esperanza.
Quizá simple terquedad.

O quizá sea la certeza silenciosa
de que incluso las noches más largas
terminan cediendo
ante la paciencia de la luz.

Mire mi borroso reflejo sobre la turbia agua de mar


Mire mi borroso reflejo sobre la turbia agua de mar.
Y te vi, te vi reflejado.
Podía volver a contemplar tus preciosos ojos marrones que me volvían loca.
Pero esta vez no, no era igual.
Tu mirada era fría.
Dime invierno.
¿Qué ha ocurrido?
¿Acaso el amor es como el mar?
El cual más frio se vuelve, más difícil de tocar es.
El cual en invierno tan solo los más valientes pueden adentrarse en él.
Dime invierno.
¿Qué ha ocurrido?
¿A caso el amor es como el mar?
En el cual los más valientes se adentran en agua fría.
En el cual muy pocos salen vivos, o bien pierden su valentía.
Invierno.
El amor congela los corazones de los que antes se han querido.
Corazones, que solo los más valientes pueden volver a tocar.
Como el agua en invierno.”

Autora: Ana O. V.

Pétalos sobre mi vientre

Quisiera que me cubras de pétalos,

“Jesucristo y la mariposa”

Jesucristo caminaba
bajo un cielo encendido;
una mariposa herida
se posó en su vestido.

La miró con ojos mansos,
sin juicio ni reproche,
como quien abraza el mundo
en el silencio de la noche.

Ella abrió sus alas frágiles,
temblorosas de dolor,
y alzó vuelo hacia la luz
como un gesto de perdón.

Él siguió su camino,
sereno como la brisa;
donde hay amor que sostiene,
hasta lo débil se eterniza.

¿Dónde van los que se mueren? La respuesta que aliviará tu alma

¿A dónde van los que se mueren
cuando se apaga la última lámpara?
No a un lugar que podamos medir,
sino a las manos que aprendieron su nombre.

Van a las mañanas que aún recuerdan su risa,
al café frío que alguien dejó en la mesa,
a las cartas guardadas en un cajón,
a la canción que suena de vez en cuando.

Van al surco donde se planta una palabra,
a la raíz que sostiene una memoria,
a las cosas que hicieron con cuidado:
un abrigo, un gesto, un árbol que crece.

No se van como quien borra un dibujo;
se vuelven calle por la que caminamos,
se vuelven luz tenue en la ventana,
se vuelven esa costumbre que nos salva.

Van a los ojos que los nombran aún,
a las manos que repiten su abrazo,
a la paciencia que aprende a esperar,
a la ternura que se niega a olvidarlos.

Y si quieres una respuesta más simple:
van donde el amor los llama,
no porque la muerte le tema al fin,
sino porque el amor no reconoce fronteras.

Por eso, cuando pienses en ellos,
no imagines una puerta cerrándose:
imagina puertas que siguen abiertas,
y en el umbral, la memoria vigilante.

Respira. Si los llevas dentro, no se han ido;
caminan a tu lado, en silencio y sin prisa,
hasta que, con tiempo o sin tiempo,
lo que fue se haga calma y te acompañe.

Amor

El viento dijo tu nombre
y el río quiso escucharlo,
pero fue mi corazón
quien aprendió a guardarlo.