Hay noches
que no están en el cielo.
Están dentro de uno.
Son esas horas largas
donde los pensamientos caminan solos
y la mente se llena de preguntas
que nadie sabe responder.
En esas noches
uno recuerda demasiado.
Los errores.
Las despedidas.
Las palabras que llegaron tarde.
Y entonces el corazón
se vuelve un lugar extraño.
Un sitio lleno de ecos,
de pasos que ya no vuelven,
de puertas que se cerraron
sin despedirse.
Pero incluso en la noche más oscura
existe algo pequeño
que se niega a morir.
Una chispa.
Una esperanza frágil
que susurra muy despacio:
“Todavía estás aquí.”
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