Dicen que la esperanza
es una luz diminuta,
pero incluso la más pequeña
puede iluminar la ruta.
Aparece en las miradas
que no se rinden al miedo,
en los gestos silenciosos
que cambian el universo.
Está en la mano extendida,
en la palabra sincera,
en el corazón que insiste
cuando la noche es más negra.
Y aunque el mundo a veces duela
y el horizonte se esconda,
la esperanza sigue viva
como un amanecer que ronda.

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